Convocatória aos PUEBLOS de NUESTRA AMERICA

domingo, 14 de diciembre de 2014

Jorge Lanata y sus declaraciones en Miami

Por Juan José Oppizzi*
 
No es sorprendente que el periodista (¿o sería mejor decir propagandista?) Jorge Lanata haya recalado en un diario de Miami para arrojar de su boca las mismas cosas que suele emitir en sus programas de radio y televisión de la Argentina.
 
Leyendo el reportaje que le hace Laura Rivera, se puede fácilmente deducir su línea de acción política. Con un lenguaje algo más cuidado que el chorro de procacidades usado en nuestras tierras, Lanata apela a diversos, y no siempre astutos, argumentos para justificar la orientación ideológica que tomó desde 2010. El primero de ellos surge a muy poco de hablar: los gobiernos de Venezuela, Cuba, Ecuador, Argentina y Bolivia (no los de Perú, Colombia o México, debidamente resguardados de la crítica por la derecha internacional) “han buscado un enemigo, generalmente la prensa”. Es decir que la pobre, indefensa, mártir e inocente prensa monopólica ha sido elegida por esos gobiernos “populistas”, “remake del setentismo”, “movimientistas”, “que no creen en los partidos”, para ejercer contra ellos una persecución despiadada; no es que los poderosísimos medios de comunicación se empeñen en mantener su poder intacto; no.
 
Ese argumento resulta muy canallesco en alguien que, como Lanata, antes del 2010 se explayaba en gráficos muy claros sobre los brazos del poder mediático (consultar el abundante material de su crítica a Clarín). Y para asustar a determinadas mentalidades burguesas, Lanata agrega que “ellos (los malditos gobiernos de Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia) creen estar haciendo una revolución. Es Loco”. Reparemos en esa idea: es “loco” hacer una revolución. Parece que para Lanata (para este nuevo Lanata post 2010) lo sensato es dejar el orden político intacto (si no falla la lógica, eso vendría a ser “conservadorismo”).
 
También al grueso periodista se le cuela la bajada de línea general de la nueva derecha: “el gobierno argentino es un gobierno conservador, no es un gobierno de izquierda”. ¡Quinta columna!: hay que atacar por izquierda. Aunque, claro, cabe preguntarse por qué, si el gobierno es de derecha y “no ha cambiado la estructura distributiva en el país”, la derecha lo ataca con tanta saña. Y como para que no se pierda de vista el objetivo primordial de su argumento, Lanata sostiene que en muchos países de Latinoamérica “se ha puesto de moda que los periodistas somos enemigos. Que hay objetivos del país que el periodismo puede embromar.”
 
El simulacro de inocencia se le va de pista: según él, la situación que se analiza se debe a una “moda”; además, se hace el desentendido con el factor principal que emplean las corporaciones mediáticas: el inmenso poder propagandístico. ¡Por supuesto que hay objetivos del país que el periodismo (no todo el periodismo, sino el mercenario, el puesto al servicio de voltear esos objetivos) puede embromar! Ya es obvio abundar sobre la manera en que ciertos comunicadores lavan el cerebro de la audiencia y le crean una realidad a gusto del que paga sus discursos. La periodista le recuerda su adhesión a una Ley de Medios, antes del 2010; Lanata da una de sus volteretas y dice que él “está de acuerdo con una Ley de Medios teórica, como la que hubo en Argentina, pero con lo que hay ahora, no”. ¿Una Ley de Medios teórica? ¿Qué es una Ley de Medios teórica? ¿Una ley moral, no práctica? ¡De nuevo el simulacro de inocencia se le va de pista! Luego aparece la obligatoriedad a la que responde Lanata: “El único objetivo de la ley fue joder a Clarín”. Si uno lee el texto de la Ley de Medios, no hay ninguna referencia específica a ningún conglomerado de medios, excepto la taxativa indicación de los porcentajes máximos que corresponden a cada sector: privados, Estado y ONG. Si Clarín se siente perjudicado, es porque excede largamente los porcentajes que limitan –y definen– a un monopolio.
 
Obviamente, la parte espinosa del reportaje llega cuando Laura Rivera da por sentado (¿un acto fallido?) un dato que el sector mediático favorecido por Lanata encubre con uñas y dientes; ella le dice: “Yo recuerdo cuando usted era un gran crítico al Grupo Clarín, el primero en señalar su poderío mediático… Y ahora trabaja para ellos”. La respuesta de Lanata apenas disimula el titubeo: “Yo he competido toda mi vida con Clarín. Los tipos son muy hostiles a la hora de competir. Y ahora, fijate lo que hicieron los Kirchner con esta Ley: nos terminaron uniendo”. Quedar bien con elpatrón siempre es prioritario: no es que el Grupo sea despiadado; es que “son muy hostiles a la hora de competir”. Y no es que haya habido un vulgar y silvestre contrato entre Lanata y Clarín; no: es que los Kirchner los terminaron uniendo. Por supuesto, no cabe mayor riqueza argumental cuando la verdad es tan evidente. Pero la vanidad le sale por los poros y se le escapa: “No voy a ir a cualquier radio de barrio, por eso me fui a radio Mitre”. Además de que desprecia a “cualquier radio de barrio” (¿qué tendrán de repulsivo las radios de barrios para Lanata?), casualmente radio Mitre es del Grupo Clarín.
 
Otra perlita surge en la respuesta a la siguiente pregunta, que se refiere a si cree en los medios independientes: después de dar varias vueltas para no responder directamente, admite que “hoy digo la barbaridad que quiera y nadie me dice nada”. Es muy interesante escuchar de su propia boca que dice barbaridades, si bien no era necesario que lo aclarara; todos podemos constatarlo semanalmente; lo que omite es que esas barbaridades siempre coinciden con la orientación de Clarín; Jamás se le escucha repetir ni una de las acusaciones que le hacía al grupo antes de 2010. La siguiente respuesta bordea lo cómico: Rivera le pregunta si cree que es un hombre poderoso, y Lanata responde que “No. Y si lo soy no lo ejerzo”. En el ambiente periodístico sería difícil encontrar a alguien que se lo creyera. Sus constantes amenazas a quienes no piensan como él, sus constantes descalificaciones aun a los sectores que podrían ser sus aliados (“toda la oposición es una mierda”), hablan de la impunidad y de la intangibilidad de la que goza. Y la entrevistadora, efectivamente, no se lo cree, porque le dice: “Con tanto peso e influencia en la opinión pública, si le ofrecieran hoy un cargo de Gobierno, ¿lo aceptaría? ¿Qué cargo le quedaría mejor?”. A lo que él replica, en perfecta alineación con el criterio fascista de desprestigio a la política: “No, no. Ningún cargo. A ver, para ser Presidente tienes que estar un poco loco. Ninguna persona normal podría querer ser Presidente. Tienes que tener un delirio místico”. Según esa idea, todos los Presidentes han sido y son un poco locos y han tenido delirios místicos. ¡Es un exabrupto ridículo! Claro, producto de la saturación egocéntrica y mendaz. El egocentrismo le juega una mala pasada cuando afirma (tal vez consciente de su barbaridad previa): “Hago cosas que ayudan a la gente. No necesito meterme en política para hacerlo”. ¿En qué se beneficia la gente con los programas de Lanata? El único que se beneficia es él mismo, con los dividendos a cambio de su cambio de timón.
 
La canallería vuelve a brotarle cuando Rivera le pregunta sobre sus vaivenes desde Página 12 a Clarín y cuando le puntualiza la colaboración de Clarín con la Dictadura del proceso: “¿Clarín estuvo con la dictadura? Sí. Porque todos los argentinos estuvieron con la dictadura”. ¡Mal de muchos, consuelo de basuras! La amnesia de Lanata merecería un largo tratamiento, aunque las podredumbres éticas y morales todavía no son curables por la ciencia. “En algún lugar, por omisión o por acción, la gente estuvo de acuerdo con lo que pasó”, agrega, sin vergüenza el grueso hablador. “La gente” es un recurso bajo para encubrir a cierto número de asesinos –potenciales o activos–, que de ningún modo fueron la totalidad del país. Decir que todos estuvieron de acuerdo permite disculpar a los que realmente lo estuvieron, porque para Lanata ese es un factor que garantiza la bondad de los hechos. El apoyo de Clarín al Proceso quedaría justificado porque toda la población habría apoyado al Proceso.
 
El reportaje sigue con las obviedades de rigor, hasta que Rivera lo pone en la instancia de definir en pocas palabras a ciertas personalidades. Lo que corresponde al Che Guevara debería figurar en una antología de la derecha más premiada por EE.UU.: “Militarmente fue un desastre. Hizo una estupidez atroz. Fue a un lugar donde ya habían hecho la reforma agraria a hacer una reforma agraria. Terminó denunciado por los campesinos que él fue a liberar. La generación del 70 (que tenía ideas revolucionarias, socialistas y comunistas) fue un grupo de inescrupulosos, que se creen mejores que la gente. (…) Gran parte de los problemas que tenemos hoy en Argentina son por culpa de esa generación. Fue una generación que nos cagó. (…) Unos viejos de mierda”. El aplauso cerrado de todo el establishmen yanqui sólo habrá sido equivalente al de la derecha argentina. El nenito bueno Lanata, que antes era zurdo, ahora se volvió un alumnito ejemplar y repite el libretito conveniente; no importa si hay erratas históricas (¡Bolivia con reforma agraria antes de Evo Morales!; ¡los de la generación del 70 se creen mejores que la gente, como si los de la generación del 70 no hubieran sido gente –para Lanata, posiblemente no–! ; ¡Los criminales que manejaron la política argentina desde 1930 a 1983, con sus censuras, persecuciones, planes económicos destructivos y empréstitos impagables, no fueron responsables de ningún problema actual del país; no; fue la generación del 70!).
 
Uno se pregunta hasta cuándo este hombre seguirá burlándose de nosotros.

*Nació en San Isidro, Argentina, en 1957. Desde 1968 reside en Arrecifes. Dedicado a las letras y a la investigación, publicó cuatro libros y  actualmente desarrolla una intensa actividad como articulista y conferencista en temas de música, literatura e historia.
Enviado por su autor para Cubacoraje

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